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Periodo en Córdoba

Grabados y Dibujos


Dúo Salteño - La Pomeña

Dejarse llevar por el sonido


Mercedes Sosa - Balderrama

Dejarse llevar por el sonido

Infancia y Juventud de Elsa Narváez en Salta, Argentina.

El taller donde su madre Elvira producía los vestidos de fiesta para la gente importante de Salta, tenía un gran mantel para proteger las telas y evitar que las tijeras las rompieran, sino que fueran cortadas por el hábil manejo de la diseñadora y de sus ayudantas. Elsa de dos años y medio se deslizaba debajo, curiosa para escuchar lo que hablaban su madre y las mismas. Elvira había notado que usaba expresiones groseras, y se preguntaba cómo una niñita de tan solo dos años y medio, que aún no iba al jardín de infantes, las aprendiera. La madre era muy reservada para el lenguaje, pero estando en trabajo con las otras, o con una eventual clienta hablaban sobre todo “de eso”, de novios, de rupturas, de engaños, de suspiros… Cuando Elvira descubrió que Elsa andaba por abajo, entre las piernas de ellas, dijo en voz alta para prevenir a sus amigas que cambiaran de tema: - "Hay moros en la costa!.” Elsa salió bruscamente de su escondite y gritaba: - "¿Dónde están los moros, donde están!” Todos o más bien todas se reían. Y la madre gozaba que su hija tan pequeña de dos años y medio dijera palabras que ella nunca osaba decir. Elvira fue su primera maestra de plástica, le enseñó los colores, las texturas, los pliegues, los plisados permitiendo que su creatividad se desarrollara. O su padre Elías conocedor del dibujo técnico por su profesión y de la carpintería por pasión, que le enseñó a transformar los primeros rayones poniéndole una cola enroscada y un hocico a sus garabatos, y le decía: - “Mirá Elsita, es un chanchito, y aquí están las patitas y el hocico.” La niña maravillada comprendió allí el poder del dibujo y de la mano. Y sonreía siempre. Complementaban sus hermanos Mario, Mirta Edith y Eduardo. Con la música y la poesía de Mario, y sus cantos. Mirta Edith que debía hacer sus cuadernos de Cocina, y Labores. Eduardo su hermano menor que gustaba del dibujo y copiaban la sección de Maribel o Para Ti, que la madre compraba por los moldes de costura, y que presentaba maestros como Murillo, o Velázquez, en impresiones de esa época. Más joven adolescente, iba con amigos relacionados a las artes, el teatro, la poesía, el canto. La llegada del rock and roll con el film de Billy Halley “Al compás del reloj”, y la danza en los cines. Los poetas y cantores salteños, que eran legión, iban a lo de Valderrama antes que fuera famoso. A Elsa le gustaban tanto la pintura, el dibujo como la música y el canto en coros escolares y en fiestas familiares. Su letra faro la E (Elías, Elvira, Eduardo, Edith = Elsa), su color preferido el azul, su sobrenombre la peladita, la monita, en su casa, y en la escuela: “Elsa lame”, “el cho…rizo”, “eso siempre”, como en los juegos de palabras, la asociación natural de los niños. Ella tomaba las palabras, y los signos químicos, o matemáticos, como dibujos, como a los colores, como un juego para expresar. Los colores como sonidos, o los sonidos con los colores. Por alguna amiga o amigo que no mostrara su predisposición al juego y a la creatividad decía una locución salteña: “…y esta, ¿se hace la qué…? Estos fueron sus maestros de Salta, su familia, sus maestros de escuela, sus amigos de niña y de adolescente. Un ámbito de amor, de vida de cuatro E, Elvira, Elías, Edith, Eduardo y una M, la de su hermano Mario…